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La riqueza como raíz de la justicia social

Parece imprescindible tener una sólida formación moral antes de lograr la riqueza. 


Chile aspira a convertirse en un país desarrollado siguiendo el camino virtuoso basado en el moderno proceso de creación de riqueza opuesto a la extracción o distribución. Para lograrlo  requiere cambios estructurales que impliquen un reforzamiento mutuo  de crecimiento, conservación ambiental y equidad social. 

Dejando de lado los aspectos tecnológicos, políticos, ambientalistas o economicistas que ello implica, resulta interesante la connotación filosófica de los términos virtud y riqueza, que desde el punto de vista de la visión cristiana occidental parecerían estar en franca oposición, por cuanto la una excluye, aparentemente, a la otra. Al respecto, hay un libro muy pertinente, El Arte de la Riqueza. Estrategias milenarias sobre la ética del éxito y la prosperidad, de Thomas Cleary, que  entrega otra visión sobre el tema y que se refiere también a la justicia social, a la que aspira llegar Chile a través del desarrollo. 

Afirma el texto que «no es posible vivir una vida feliz si no existe un sentido del orden o de la justicia en el que puedan basar sus tratos mutuos los individuos y las comunidades». Y agrega que «la raíz de la justicia es la riqueza, porque en condiciones de carestía y de necesidad  abrumadoras, el instinto se opone a la inteligencia». 

Asimismo, otro motivo por el que la justicia está arraigada en la riqueza reside en que no es posible que el sistema social trate con justicia a las personas que no han logrado éxito económico. Así, no siendo capaces de protegerse a sí mismas, no están en condiciones de proteger a los demás. Y, en este sentido, «a toda persona que asume una responsabilidad social, le resulta imprescindible alcanzar un grado razonable de prosperidad». 

No obstante, se requiere de algo más que la riqueza material para ser feliz y ejercer la justicia: «Existen, sin duda, personas ricas que no por ello dejan de estar insatisfechas y de ser ambiciosas y expoliadoras». Parece imprescindible tener una sólida formación moral antes de lograr la riqueza. 

Si bien, “una sociedad desarrollada necesariamente debe hacer uso de los incentivos que provee el sistema de propiedad privada para la creación de riqueza” (El Mercurio, Tareas para Chile (V) El camino virtuoso al desarrollo), sería deseable considerar que «la raíz de la riqueza no es la propia riqueza, sino aquello por lo que la riqueza se puede alcanzar honradamente y aplicar con justicia». 

La raíz de la riqueza es la soberanía, pero una soberanía ejercida sobre sí mismo y no sobre los demás; y su raíz es el control de las facultades, que comienza por el dominio del yo. 

Esta soberanía se extiende al entorno social y material en proporción con el desarrollo interior de las facultades en forma de autocontrol y autoaplicación, que hace posible la práctica, no relativa sino absoluta, de la virtud, de modo que los individuos que han logrado la prosperidad no se dejen atrapar por conductas egocéntricas y abusivas que pueden conducir a relaciones laborales injustas basadas en el paradigma de los siglos XIX o XX, que se pretende superar en este camino virtuoso al desarrollo que se plantea. 

Así, «Del dominio de los sentidos, la soberanía; de la soberanía, la riqueza; de la riqueza, la justicia; y de la justicia, la felicidad». 

 Magdalena Mattar 

 E-mail: magdalenamattar@gmail.com

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