No podemos desentrañar el misterio de la muerte, porque no podemos conocer aquello respecto de lo que nadie haya tenido la experiencia y pueda comunicárnosla. Pero de la vida sí absolutamente la tenemos, y no solo de nosotros mismos, sino de los demás, lo cual nos sirve de referencia y podemos observar con mayor objetividad. Hay algo común al género humano desde el momento en que se produce la concepción, tanto para los que hemos nacido como para aquellos que no lo hicieron, tanto para un niño como para un adulto, tanto para un joven como para un anciano, sin acepción de género, aspecto físico, raza, credo, posición social o económica: las heridas. Al parecer venimos a este mundo para ser heridos, ya sea en forma física o psicológica y a partir del descubrimiento de este rasgo común tal vez podamos desentrañar el misterio de la vida, porque podemos preguntarnos por qué y para qué. ¿Hay alguna razón y un fin? A priori, no podemos ofrecer una re...